Alternativas éticas a las polémicas apps de reparto a domicilio


¡Buenos días familia! 

Todxs sabéis que ahora coger el móvil, descargar una aplicación y pedir comida a través de ella en cualquier restaurante de la ciudad es el día a día de muchas personas. Después de estos tres pasos un rider en otra parte de la ciudad pone rumbo hacia el restaurante, recoge la comida y le deja el pedido al cliente en la puerta de su casa, sin que haya más intercambio entre ellos que una propina, ya que el pedido está previamente pagado, a través del móvil. Este proceso le será familiar a quien alguna vez haya utilizado apps como Deliveroo, Glovo o Uber Eats.

Glovo y Deliveroo aterrizaron en España en 2015, mientras que Uber Eats lo hizo hace tres años. En este tiempo, estas empresas han acumulado el 72,2% de cuota de mercado en el reparto de comida a domicilio43,3%, 10% y 18,9%, respectivamente—, según recogió el pasado verano Europa Press. Este éxito, sin embargo, ha ido acompañado de muchas denuncias interpuestas por sus propios riders, que reclaman derechos laborales.

Estas denuncias se han resuelto mayoritariamente con sentencias favorables hacia los empleados. Además el pasado 23 de septiembre el Tribunal Supremo decretó que los riders son falsos autónomos. Entre las razones que aporta el veredicto está que “Glovo no es una mera intermediaria en la contratación de servicios entre comercios y repartidores. (...) se sirve de repartidores que no disponen de una organización empresarial propia y autónoma, los cuales prestan su servicio insertados en la organización de trabajo del empleador, sometidos a la dirección y organización de la plataforma”.

Mònica Vallés, que con 45 años tuvo que darse de alta como autónoma dijo en una entrevista para El Comidista: “Tenía dos trabajos y me quedé sin el de la tarde. En Glovo me dijeron que podía elegir mis horarios, algo que vi bien porque me permitiría conciliar con mi familia. Pero enseguida me di cuenta de que son ellos quienes te dan las horas que quieren, normalmente muy pocas y centradas en el fin de semana por la noche. Sentí abandono e impotencia”. O el madrileño Joaquín Galán, que estuvo un tiempo en Deliveroo: “Yo me tiré unos tres años de autónomo y en ese tiempo apenas libré. Deliveroo te obliga a trabajar los findes para poderte asignar horas, así que esos días curraba lo justo para que me las dieran, y luego lo compensaba con repartir entre semana para poder ganar dinero”.

A raíz de todas las denuncias y polémicas que se han creado alrededor de este tipo de plataformas de reparto, han ido surgiendo sociedades cooperativistas y se han extendido por España en ciudades como Zaragoza —Zámpate Zaragoza—, Bilbao —Botxo Riders—, Vitoria —Eraman Cooperativa— Barcelona —con Mensakas—, o Madrid —La Pájara Ciclomensajería—.  Estas sociedades todavía tienen poco volumen de mercado y han surgido de la necesidad de una alternativa justa y ética en el reparto de comida. Sus fundadores conocen bien cómo funciona este sector ya que casi todos han trabajado para las grandes empresas.

Otro de los pilares de estas cooperativas es la apuesta por el comercio del lugar. Una idea que choca con las “cocinas fantasmas” o dark kitchens que surgen ya en varias localidades españolas: restaurantes sin mesas, sillas ni gente donde se preparan los platos más populares del reparto a domicilio. En sus cocinas se elaboran sushis, pizzas o burritos para repartir a domicilio, sin clientes sentados, ni cañas en la barra, ni camareros, tal y como recoge un reportaje publicado en La Vanguardia.

Joaquín Galán junto a Kike Medina y otros cuatro compañeros, fundaron La Pájara Ciclomensajería en septiembre de 2018. Es una alternativa local a las grandes plataformas digitales. Han  aprendido las condiciones precarias trabajando para Glovo y Deliveroo y están construyendo poco a poco un proyecto sólido y sostenible, desarrollando oportunidades de trabajo seguro y digno. Fomentan la autoorganización y la gestión democrática para apoyar el consumo responsable y el comercio de proximidad, cuidando las relaciones con sus clientes y colaboradores. Reparten exclusivamente en bicicleta, apostando en Madrid por un modelo de logística urbana de cero emisiones.  

En la entrevista de El Comidista, Kike Medina, repartidor y community manager de La Pájara, explicaba “Aquí al pequeño comercio no lo ahogamos, las tarifas que les cobramos a los locales con los que colaboramos son más bajas que la de las grandes compañías”, A los establecimientos solo les piden un 25% del pedido, sin ninguna cuota por el uso de la plataforma, ya que La Pájara utiliza la desarrollada por la federación internacional de cooperativas de entrega por bicicleta CoopCycle

Son más factibles y viables para los comercios locales, aunque para el cliente final son  quizá un euro más caros. Un incremento en el precio que paga el usuario, pero que garantiza que estas sociedades, compuesta únicamente por cuatro chicos, puedan seguir adelante. “La gente que pide a través de nuestra web son personas que abogan por un modelo de negocio como el nuestro, y que prefieren pagar un poco más pero hacerlo a través de nosotros”, decía Joaquín Galán.

Pero esta opción no solo es más justa con los empleados, también lo es con los restaurantes con los que colabora. La propietaria del restaurante Reineta Vegetariano, que actualmente colabora con la Pájara, decía en una entrevista que en Glovo le pedían el 35% de la factura de cada pedido, una cuota mensual de 100 euros y otra de inscripción de 150. Aseguraba que prefería cerrar antes que trabajar con ellos, porque al final tendría que poner ella misma dinero”.  Por eso, terminó por optar por esta cooperativa, no solo porque la comisión que le pedían por pedido era inferior, sino también porque le ofrecían un trato más humano y cercano. 

Tras haber conocido los testimonios de estas personas, en Happlant también hemos decidido apostar por este tipo de iniciativas que velen por el bienestar de los trabajadores y quieran ofrecer un servicio de calidad. Por eso hemos empezado a colaborar con la Pájara Ciclomensajería para que os lleguen nuestros productos a casa cuando os entren ganas de un riquísimo  helado vegano, sostenible y realfood. 


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